
Hasta hace pocos años, las apuestas estaban confinadas a los casinos y a las casas de apuestas deportivas. Era un mundo acotado. Sin embargo, casi sin darnos cuenta, ese universo se ha expandido de manera radical, hoy es posible apostar sobre las decisiones de la Reserva Federal, las cifras de desempleo, los resultados electorales o el precio del petróleo el próximo trimestre. La dinámica es la misma de siempre, alguien gana lo que otro pierde. Las apuestas dejaron de ser entretenimiento de fin de semana para disfrazarse de instrumentos financieros.
En ese contexto, es probable que haya escuchado hablar de Polymarket o Kalshi (imagen 1). Si no, le contamos que se trata de plataformas de apuestas en línea que van mucho más allá del deporte, permiten apostar sobre resultados electorales, decisiones de política monetaria, cifras macroeconómicas e incluso conflictos geopolíticos. Su premisa central es que los precios son probabilidades, el valor de un contrato refleja la probabilidad que el mercado asigna a que un evento determinado ocurra. Si usted cree que esa probabilidad está subestimada, puede comprar participaciones y ganar si tiene razón. Las plataformas se presentan como sistemas sin casa de apuestas, descentralizadas, donde la inteligencia colectiva de miles de participantes produce estimaciones más precisas que cualquier experto o encuesta tradicional.
La diferencia entre crear valor y transferir riqueza
Cuando usted compra una acción, adquiere un derecho sobre las ganancias futuras de una empresa real. Cuando compra un bono, le presta dinero a cambio de intereses y devolución de su capital. En ambos casos existe una razón económica fundamental para esperar un retorno positivo, la economía crece, las empresas generan valor y ese crecimiento se distribuye entre quienes asumieron el riesgo de financiarla.
En las apuestas, en cambio, usted no está financiando nada. No hay empresa detrás, no hay flujo de caja, no hay creación de valor. Usted simplemente apuesta a que un evento va a ocurrir antes que otro participante apueste a lo contrario. Para que usted gane, alguien más tiene que perder exactamente lo mismo. Es un juego de suma cero.
Imagine que usted apostó $100 a que la Reserva Federal subirá
las tasas en la reunión de marzo del 2018. Tiene razón, y recibe $200. Hasta ahí todo bien. Pero detengámonos un momento: esos $200 no los generó ninguna empresa. Su apuesta no creó valor, no financió nada, no hizo crecer la economía. Ese dinero existía antes de que usted apostara, simplemente estaba en el bolsillo de otro participante que pensó lo contrario. Usted no creó riqueza; la redistribuyó.
Ahora viene la pregunta incómoda, ¿qué le asegura que volverá a tener razón la próxima vez? La evidencia muestra que predecir eventos de manera consistente es extraordinariamente difícil, incluso para los expertos. Un estudio de la Universidad de California, analizó a más de 700.000 apostadores en línea encontró que el 96% perdió dinero. Solo 4 de cada 100 terminaron ganando, y no necesariamente porque fueran mejores.
Compare eso con haber invertido esos mismos $100 en el S&P 500: sin adivinar nada, sin ganarle a nadie, ese capital se habría multiplicado casi 3 veces (imagen 2). No porque alguien perdiera, sino porque se creó valor y usted fue partícipe de ese crecimiento.
Estas plataformas argumentan que sus precios son más precisos que las encuestas tradicionales porque los participantes ponen dinero real sobre la mesa. Hay verdad en eso, cuando hay incentivos financieros, la gente se informa mejor antes de actuar. David Booth, fundador de Dimensional, describe algo similar al hablar del mercado de valores, es el modelo más sofisticado que existe para procesar información, porque millones de compradores y vendedores incorporan todo lo que saben en cada precio.
Pero hay una diferencia crucial. El mercado de valores procesa información sobre empresas que generan riqueza. Las plataformas de apuestas procesan información sobre eventos que simplemente ocurren o no ocurren.
La Teoría del Comportamiento demuestra que los seres humanos somos muy malos evaluando probabilidades, especialmente cuando hay emociones de por medio. Tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de predecir eventos, un fenómeno conocido como exceso de confianza.
Una persona que destina parte de su patrimonio a estas
plataformas no está invirtiendo: está participando en un entorno donde el retorno esperado, antes de costos, es cero. Cada contrato tiene un ganador y un perdedor, y la suma de ambos resultados siempre es la misma. No es mala suerte, es simplemente la matemática del juego.
Todo mercado tiene sus jugadores mejor informados. La diferencia está en si existe un marco que limite esa ventaja o no. En las plataformas de predicción, ese marco aún está por definirse. Casos recientes lo ilustran con claridad, movimientos inusuales en los contratos de Polymarket fueron detectados horas antes del ataque de Estados Unidos a Irán, y patrones similares se observaron en torno al día de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. En ambos casos, la pregunta fue la misma: ¿alguien sabía algo que el resto no sabía? La plataforma no tenía forma de responderla.
En Capital Advisors construimos carteras basadas en evidencia, diversificadas globalmente, con costos bajos, alineadas con el perfil de riesgo de cada cliente y orientada a cumplir sus objetivos de largo plazo. Ese enfoque ha demostrado, en estos 27 años y en múltiples contextos de mercado, ser la forma más robusta de hacer crecer el patrimonio. No porque prediga el futuro, sino precisamente porque reconoce que nadie puede ganarle al mercado en forma consistente. Si después de todo esto igual quiere probar suerte, está bien. Solo tenga claro que está jugando, no invirtiendo. Equivocarse sale caro.
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