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La Ciencia de Invertir

Home Bias: Cuando lo Familiar es Costoso

Lo más cercano no siempre es lo más conveniente, y en el mundo de las finanzas ese error puede costarle caro. Muchos inversionistas invierten como si el mundo no existiera más allá de su propio país.

Lo familiar es la zona de confort. En inversiones ocurre algo similar: solemos preferir los activos nacionales dentro de nuestro portafolio. Es entendible, dado que estamos más conectados con esa realidad, entendemos el panorama político local, seguimos a las empresas más de cerca y leemos las noticias del día a día. Este comportamiento se conoce como Home Bias y consiste en invertir desproporcionadamente en activos del propio país, cuando en realidad la diversificación global ofrece un conjunto más amplio de oportunidades y un mayor retorno esperado. Aquí es cuando la zona de confort entra en conflicto con la eficiencia.

No olvidemos que más allá del patrimonio financiero está el capital humano y otras inversiones como propiedades y negocios, que normalmente están concentradas en el mismo país donde se reside. Eso ya representa, de por sí, una exposición grande y concentrada en un solo país, incluso antes de haber invertido un solo peso. Si a eso se le suma un portafolio financiero concentrado en activos del mismo país, queda expuesto a las mismas variables: ciclo de política monetaria, inflación, política fiscal, liquidez del mercado, composición sectorial, entre muchos otros factores. Algunos de ellos justifican un mayor retorno esperado, pero otros simplemente castigan la rentabilidad por exceso de concentración.

Por eso las inversiones financieras cumplen mejor su rol cuando funcionan como contrapeso a todo lo anterior —capital humano, propiedades y negocios—, no como un espejo. Por ejemplo, si su país atraviesa un mal momento —una recesión, una crisis política— y su portafolio de inversión está afuera, donde hay sol, le permite dormir tranquilo. Y si ocurre lo contrario, el mundo se nubla y su país tiene un buen ciclo, el activo local cumple la misma función a la inversa. Diversificar es simplemente no exponerse dos veces a la misma carta.

Tomemos el caso de un inversionista chileno con un alto nivel de Home Bias y otro que, conociendo este sesgo, decide invertir siempre de forma diversificada. Al comparar los últimos 10 años, medidos en pesos, quien invirtió su portafolio en un 100% en acciones chilenas alcanzó un retorno acumulado de 175%, cercano a un 11% anual, con una volatilidad de casi 18%. En cambio, el inversionista diversificado obtuvo una rentabilidad acumulada de 341%, cerca de un 16% anual, con una volatilidad del 14% (imagen 1). La conclusión es clara: el Home Bias entregó menos retorno y más riesgo.

Si a este mismo ejemplo le agregamos un portafolio balanceado combinando acciones y bonos (60/40), el resultado más eficiente tampoco estuvo en los extremos: la combinación de 70% internacional y 30% local fue la que mejoró el retorno y redujo la volatilidad. La lección no es abandonar los activos locales, sino que dejar que la diversificación reemplace la familiaridad (imagen 2).

Este ejercicio no le entrega una regla universal, y tampoco pretende hacerlo. El régimen de mercado puede cambiar en los próximos años: lo que hoy es habitual, mañana puede no serlo. Pero la evidencia es clara, la exposición local debe ser ponderada con criterio, no heredada por hábito.

¡No nos quedemos afuera del mundo!

 

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